- Un código para cada espacio
- Cada habitación, parcela, mesa o sala de reuniones tiene su propio código, así que cada solicitud dice de dónde viene. Los huéspedes no necesitan app, cuenta ni contraseña.
- También en una tableta en la habitación
- Cada espacio tiene un enlace además de un código. Guárdalo en la pantalla de inicio de una tableta en la habitación o en una mesa, o enlázalo desde la tele de la habitación o tu intranet.
- Recuadros grandes, o una lista
- Hasta diez opciones se muestran como recuadros; una lista más larga, como veinte bebidas, como filas. Lo decide Bellbee, así que no hay nada que ajustar.
- Preguntas que se responden solas
- Qué día, a qué hora, cuántos, cuál. Cada pregunta trae ya una respuesta razonable, así que la mayoría de los huéspedes solo tiene que enviar.
- Sitio para una nota
- Cada solicitud termina con «¿Algo que debamos saber?», para el huésped que necesita la cuna antes de las seis.
- Información útil
- El wifi con un botón para copiar, entrada y salida, horario del desayuno, un teléfono al que llamar con un toque y tu dirección en el mapa.
- En qué punto está su solicitud
- Enviada, en camino o hecha, durante dos días, en el dispositivo desde el que la pidieron. El siguiente huésped de la habitación no ve nada de eso.
- Un enlace para antes de llegar
- Pon el enlace propio de la página en tu correo de reserva. Los huéspedes indican dónde se alojan, así pueden pedir un taxi desde la estación antes de llegar.
- Tu zona horaria, no la suya
- «Hoy» es el hoy de tu alojamiento, y las horas de desayuno que ya han pasado desaparecen, aunque su móvil siga con la hora de su país.